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A poco que uno o una se interese por las noticias, habr? sabido que la semana pasada se celebr? en Nueva York una reuni?n, dicen que importante, en la que participantes, dicen que m?s de mil, llegados de todos los rincones del planeta nos reunimos (incluido este redactor) para hablar, discutir, presionar y dar como resultado algo tan poco tangible como un documento de ocho de p?ginas vago y farragoso que se supone que es la respuesta del mundo al impacto de la pandemia VIH/SIDA.
La responsabilidad primera era ?y es? de los representantes de los gobiernos all? congregados. Pero lo que deb?a de haber sido un encuentro para rendir cuentas sobre qu? se hab?a cumplido y qu? no de la Declaraci?n de Pol?tica que se firm? en 2001, que pese a su d?ficit sigue siendo de referencia, se convirti? en algo pomposamente denominado ?Reuni?n de alto nivel? de la Sesi?n Especial de la Asamblea General de Naciones Unidas (UNGASS, en sus siglas en ingl?s).
La declaraci?n pol?tica final surgida de la reuni?n ha sido interpretada como un fracaso no s?lo por las organizaciones de la sociedad civil, sino tambi?n por varios gobiernos (en lenguaje diplom?tico) y por los propios art?fices: los responsables de la agencia especializada ONUSIDA y el Secretario General, Kofi Annan.
Dicha declaraci?n evita el lenguaje sobre realidades (el uso de drogas, la homosexualidad o el trabajo sexual) que repugnan a cierta moralidad, no cifra los compromisos con claridad, evita los indicadores mensurables de evaluaci?n y deja en el aire el calendario de desarrollo y aplicaci?n de las pol?ticas acordadas.
De nada sirvi? que las ONG invoc?ramos la intervenci?n de Annan, o que la prensa estuviera casi toda de ?nuestro? lado: las complejas y en ocasiones opacas alianzas geoestrat?gicas se impusieron, y los gobiernos sacrificaron los derechos de sus nacionales en aras del juego del poder. Cierto, algunos, como Espa?a, y otros de la Uni?n Europea, adem?s de Canad? y Australia, quisieron ir m?s lejos, pero su peso pol?tico es m?s bien escaso. Que la UE en su conjunto sea el principal donante internacional pero que luego los gobiernos de los pa?ses en desarrollo menosprecien su posici?n es s?lo una muestra m?s del tragic?mico momento europeo.
Pero no ser?a justo echar todas las cr?ticas a los Estados que conforman Naciones Unidas. Los funcionarios de Naciones Unidas deber?an hacer autocr?tica, ya que el trabajo preparatorio fue lamentable, y el modelo de discusi?n parec?a m?s inspirado en un mercado persa, donde cada quien trocaba apoyos o defend?a su agenda particular, que con una discusi?n sobre los derechos humanos ?que de eso trata el VIH/SIDA? y como garantizarlos. Que en el ?ltimo minuto ONUSIDA espoleara a la comunidad para solicitar la intervenci?n de Annan, como si fuera una divinidad, olvidando que se ha convertido en una figura debilitada por los casos de corrupci?n que afectan a su hijo y los fracasos de ciertas campa?as humanitarias, es una muestra m?s de la improvisaci?n y de la falta de profesionalidad.
Cap?tulo final merece la sociedad civil, las ONG, los grupos comunitarios o como queramos llamarnos. Habr?a que preguntarse si el empe?o por decir que representamos grupos particulares (que antes se dec?an de ?riesgo?, y ahora hemos cambiado eufem?sticamente a ?vulnerables?) y no que defendemos valores universales y derechos que deben ser respetados en, literalmente, todo el mundo, no hace el juego al poder pol?tico. Porque las discusiones al final se trasladan al campo de la moral (qu? es aceptable y qu? no), abandonando el de la ?tica (a qu? se tiene derecho, y qu? responsabilidades conlleva).
Tras cinco d?as de jornadas agotadoras, el espejo nos devuelve una sensaci?n de frustraci?n y esterilidad. Cinco d?as en los que habr?n fallecido 40.000 seres humanos cuando no era inevitable que sucediera. Otra oportunidad perdida.
09/06/2006 Joan Tallada - gTt
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