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En los ?ltimos a?os, el n?mero de mujeres infectadas por VIH en el mundo ha aumentado a un ritmo extremadamente r?pido. En 1998, las mujeres supon?an el 41% del total de adultos infectados por VIH. En 2004, las mujeres representaban casi el 50% del total de adultos con VIH y aproximadamente el 60% en el ?frica subsahariana. Entre las personas j?venes, la desigualdad de g?nero y el SIDA es a?n m?s acusada: en el ?frica subsahariana, una mujer entre 15 y 24 a?os tiene 2,5 veces m?s de probabilidad de contraer la infecci?n que un hombre con las mismas caracter?sticas (1).
Las mujeres se encuentran en una situaci?n de doble vulnerabilidad frente al VIH, tanto biol?gica (dado que tienen el doble de probabilidades que los hombres de infectarse por VIH durante un ?nico acto sexual sin protecci?n) como social (dadas las desigualdades de g?nero existentes). M?s all? del peaje personal que el VIH se toma sobre las mujeres, el peso de cuidar a las personas con enfermedades asociadas al VIH y a los ni?os hu?rfanos por el SIDA recae t?picamente en las mujeres y ni?as. El hecho de tener que proporcionar cuidados a menudo trae como consecuencia que no se puedan realizar actividades que aportar?an ingresos, mejorando la situaci?n econ?mica familiar y el propio estatus de la mujer. Las mujeres con VIH y las familias se ven cada vez m?s empobrecidas, lo que a su vez aumenta su vulnerabilidad frente al VIH.
Adem?s, las mujeres que est?n infectadas o afectadas por VIH se enfrentan a un riesgo cada vez mayor de sufrir ostracismo social y maltrato. En algunas sociedades, las leyes sobre la herencia agravan la p?rdida que supone la muerte del esposo, dado que la prohibici?n de que las mujeres hereden propiedades supone la p?rdida de potenciales fuentes de ingreso y estabilidad.
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